Año V. Número 5. Septiembre 2009ISSN: 1697-9745
Depósito legal: CO-1139/2009

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La educación en el punto de mira

Sábado 27 de junio de 2009, por Consejo Editorial de la Revista ECO (actualizado el 29 de junio de 2009)    Ver en formato PDF


La educación –afirmarán algunos- ha estado siempre en el punto de mira, más ahora en tiempos de crisis. Basta repasar las páginas de cualquiera de los diarios de tirada nacional para constatar lo anterior. El pasado 26 de junio de 2009, “El País” publicaba un artículo de opinión firmado por William Chislett, colaborador habitual del Real Instituto Elcano, en el que tras referirse al crecimiento económico de los últimos años, afirmaba que “España es el único país europeo que ha generado mucha riqueza durante un largo período, a la vez que una tasa creciente de fracaso escolar”. Ello ha sido debido, añade a continuación, a que tanto en la construcción como en el turismo se encontraba empleo fácilmente sin necesidad de haber finalizado los estudios. Tras hacer varias comparaciones con otros países de Europa sobre la tasa de abandono escolar y el número de jóvenes con formación en postobligatoria, termina afirmando lo que en tantas ocasiones hemos escuchado en foros sobre educación: que la misma “en España se ha convertido para los políticos en una especie de confrontación futbolera y hasta que esto no termine y todos remen en la misma dirección, crear una economía del conocimiento seguirá siendo un sueño imposible”.

En las páginas centrales de ese mismo día se puede leer también un reportaje, firmado por Sebastián Tabarra, sobre el modelo productivo español y en el que se apunta que las cuatro posibles soluciones o palancas para salir de la crisis deben basarse en la innovación, en la mejora de las patentes, en el aumento de las exportaciones –sobre tecnológicas- y, finalmente, en la educación. “La formación es básica –se puede leer al final de dicho reportaje- porque a menos formación hay más desempleo”.

Pocos días antes se hacía público el informe TALIS de la OCDE (Teaching and Learning Internacional Survey) en el que se recogían algunas apreciaciones sobre la educación y en el que ha participado profesorado de todas las comunidades autónomas excepto La Rioja y Canarias, con una muestra formada por 4.000 profesores y 200 centros y directores por país, a razón de 20 profesores por centro. El titular de la prensa destacó el tiempo –un 16 % de la sesión lectiva- que se pierde en España antes de que se puede iniciar una clase con normalidad, pero no señaló con igual interés que todo el profesorado español había asistido al menos a alguna sesión formativa en los 18 meses anteriores al estudio. “Es cierto –se puede leer en la página 19 de dicho informe- que los profesores españoles deben participar en actividades de formación porque son un requisito para la obtención de los sexenios, pero también hay que resaltar que el 60% declara que hubiera querido participar en mayor medida de lo que lo hicieron, porcentaje superior a la media TALIS. Es decir, el profesorado español muestra un notable interés por mejorar su formación y el ejercicio de su profesión”. Y al final de dicho apartado, el referido a la formación, se apunta que “en muchos países debe ser una prioridad revisar las necesidades de apoyo y de formación que perciben los profesores y la oferta que se les hace”.

Es necesario, por tanto, hacer por nuestra parte la conveniente autocrítica sobre el trabajo formativo que llevamos a cabo, pues a pesar de considerar aceptable la labor desarrollada en el curso que termina –como apuntamos en el texto de nuestra Memoria Final-, si nos atenemos a los números, el balance es más que positivo: 380 actividades de formación desarrolladas a lo largo del curso, de entre ellas más de 80 formaciones en centros, y sin incluir los grupos de trabajo con una cifra parecida a la total inicial-, casi 18 000 profesores y profesoras inscritos y cerca de 9.000 certificados emitidos. Pero, la pregunta que continuamente nos hacemos es de qué manera nuestra labor formativa promueve los necesarios cambios metodológicos y de organización de los centros docentes con objeto de preparar adecuadamente a todo el alumnado para la nueva sociedad del conocimiento. Ese debe ser nuestro reto, el nuestro y el de todos los agentes implicados en el proceso educativo. Y para ello, para su consecución, debemos esforzarnos movilizando todos los recursos, materiales y humanos, de que disponemos.

Para terminar sólo nos gustaría señalar que con el número 5 la revista E-CO, del Centro del Profesorado de Córdoba, inicia una nueva andadura tanto en el proceso de elaboración, a través de vuestras aportaciones on line, como en la puesta en marcha de una sección especial que este caso está dedicada a recoger las experiencias de la Jornadas que sobre didáctica de la Ciencias Sociales se celebró en nuestro Centro del Profesorado durante los días 6 y 7 de mayo. Esperemos que con la introducción de estas novedades en nuestra revista digital, contribuyamos a que la misma se consolide como vehículo de difusión de las buenas prácticas de nuestro CEP.

Junio 2009


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