Lunes 12 de abril de 2010, por Mª A. Sánchez Utrilla (actualizado el 5 de abril de 2010)
Me ha llamado la atención el documento recientemente elaborado por La consejera de Educación, Mar Moreno, sobre convivencia en los centros docentes, en el cual, desde mi punto de vista, se hace una mínima referencia a la diferenciación por sexos, y aunque en el del texto se extrae literalmente, que los chicos cometen mayor cantidad de faltas que las chicas, tanto leves como graves, no se realiza ningún análisis derivado de este hecho, ni se tienen en cuenta a la hora de proponer medidas. Ver Avance Documento convivencia 2008/09
Un resumen de este estudio se puede leer en el artículo del País del 29 de Enero: “Sólo el 3,3% de los alumnos comete faltas graves de convivencia”, en el cual se dice textualmente: Los mayores problemas de convivencia los generan los hombres. Tampoco se analizan las causas.
La conclusión que extraigo es que durante el curso 2008/09, el análisis por sexos no se llevó a cabo de forma generalizada en los centros.
Explicaré brevemente la necesidad de incluir en los diferentes análisis que se realicen, la perspectiva de género, la cual venimos realizando en los dos últimos años en nuestro centro.
Al realizar el análisis de la convivencia, utilizamos términos como los siguientes:
En una semana, 20 alumnos/as han sido expulsados de las aulas
En lugar de expresarlo así:
En una semana han sido expulsados 20 alumnos de las aulas: 18 chicos y dos chicas
Otro ejemplo:
Durante el primer trimestre, se han tramitado 45 partes de incidencia En vez de:
Durante el primer trimestre se han tramitado 45 partes de incidencias, 43 son de chicos y 2 son de chicas
Indudablemente, la información sesgada por sexos es mucho más completa y nos muestra una realidad conocida por todos, pero que, por considerarse natural, a veces obviamos y es que los chicos y las chicas son diferentes y se comportan de distinta manera.
Lo que no se tiene tan claro son las causas que da lugar a tales diferencias.
Conocemos la existencia de las diferencias biológicas entre los chicos y las chicas. Nacemos con un sexo: masculino y femenino, lo que conlleva unas características fisiológicas diferentes, que da lugar a una identidad.
Pero, en la formación de la identidad de una persona también interviene de forma determinante el factor género.
El género lo conforman un conjunto de valores asociados arbitrariamente a uno u otro sexo que se transmite socialmente de generación en generación, estableciendo las diferencias entre lo que es masculino o propio de los hombres y lo femenino o propio de las mujeres. Uno de los sexos, en nuestra cultura tradicional, el masculino, se revaloriza en detrimento del otro, es decir, del femenino, constituyendo este hecho la base de la desigualdad y por consiguiente, de la violencia del hombre hacia la mujer.
Para aclararnos:
El sexo es biológico, natural, no se puede elegir. El género es cultural, no natural y se construye socialmente. (Lo cual significa que se puede modificar desde el punto de vista educativo)
Si unimos ambos conceptos al análisis de la convivencia y añadimos, que por lo general (siempre hay excepciones), los chicos son los que habitualmente manifiestan un mayor grado de conflictividad: las cárceles están llenas de hombres, son más chicos que chicas los que mueren en accidentes de tráfico, el fracaso escolar es superior en los chicos y a la universidad acceden, hoy por hoy, un mayor número de chicas. Podemos pensar que es el género y no el sexo la causa principal que explica las diferencias actitudinales entre chicos y chicas.
Es decir, los chicos y chicas se comportan de acuerdo a un rol y/o estereotipo previamente establecido, que desde muy pequeños van adquiriendo y que va a constituir la identidad como persona. Esta educación basada en la dualidad sexo-género, es lo que se conoce con el nombre de sexismo.
La Familia es el primer eslabón en el proceso de socialización del niño y de la formación de su identidad. Sin darnos cuentas, desde muy pequeños, atribuimos roles diferentes a los bebés, rosa y azul y los tratamos de forma diferente.
Realizando una sencilla actividad, podemos demostrar este hecho:
“Nos paseamos con un bebé exento de atributos masculinos o femeninos visuales, y a la pregunta de si es niño o niña, respondemos de forma alterna y grabamos las reacciones, en forma de adjetivos de las personas que realizan la pregunta”
Si es niño: Qué machote, grandote, fuerte, brutote, qué guapo, no me veas lo que va a ligar, qué atributos tiene, etc. Utilizando un tono poco delicado.
Si es niña: el tono se vuelve más tierno y delicado: ¡Oh!, qué linda, bonita, bella, princesita, tiene carita de ángel, tierna, etc.
En el contexto social de Montoro, los roles sexistas están muy arraigados y los padres, o para ser más exactos, las madres, educan de diferente forma a sus hijo o hija dependiendo del sexo que tenga.
A las chicas se les infunde desde la niñez mayores responsabilidades: colaboran en las tareas del hogar, cuidan de los abuelos, de los hermanos y hermanas pequeños, gozan de menos libertad y mayor control en los horarios, y si no estudian, el acceso al mundo laborar es más complicado para ellas que para ellos. Todo ello va a repercutir en un menor grado de conflictividad en el aula y un índice de fracaso escolar también menor.
Los chicos, en cambio, carecen de obligaciones en el hogar; son más libres para ir de un lado a otro, sin horarios; cuando suspenden, se les premia con la moto y tienen mayores posibilidades de acceder al mundo laborar sin necesidad de estudios.
Todo ello propicia mayor conflictividad en las clases, un índice más elevado de fracaso escolar y a la larga, acceder a un mundo laboral más precario y menos remunerado. (Ver Documento “Por qué tiene cara de chico el Fracaso Escolar” de José A. Lozoya)
La escuela, considerada el segundo eslabón de socialización, sigue reproduciendo los mismos roles y estereotipos que constituyen el género si no somos conscientes de ello.
En Educación Infantil se suele dividir la clase por rincones para favorecer el juego simbólico, juego en el que los niños imitan a los adultos, reproduciendo los modelos que el medio social y cultural en el que viven les ofrece. El profesorado observa, cuando llega el momento de jugar libremente, cómo cada niño elige su rincón preferido. Éste suele coincidir con los roles aprendidos y aceptados socialmente. Simplemente modificando las reglas del juego e imponiendo la norma de no estar más de diez minutos en el mismo rincón, los resultados nos pueden sorprender.
En las clases, uno de los mayores problemas con el que nos encontramos habitualmente hace referencia a la escasez de modelos femeninos válidos con los que las chicas se puedan identificar.
Se invisibiliza a la niña/mujer en los libros de textos, en el lenguaje, en el curriculum y cuando son incluidas, se realiza con el rol de niña/mujer diferente del rol de niño/hombre, siempre en menor escala jerárquica: la mujer/amante/hermana/hija/madre de…un varón que es el protagonista: escritor, bandido, guionista, director y un largo etcétera.
Es indudable que todo ello va cambiando, aunque de forma muy lenta. (Ver “Guía de las Buenas Prácticas para favorecer la Igualdad entre Hombres y Mujeres en Educación” publicado por la Junta de Andalucía.)
Hoy por hoy seguimos confundiendo escuela mixta con escuela coeducativa. Tenemos una escuela sexista y no hay que olvidar que el sexismo es la principal causa de la violencia de género.
Medios de Comunicación, TIC y Publicidad, tercer eslabón que conforma la personalidad de niños, niñas y adolescentes perpetuándose en la edad adulta. Reflexionamos sobre los siguientes:
Los Medios de Comunicación y la Publicidad. En los que se potencian valores de dudosa moralidad y, a veces, muy sexistas: la agresividad, el “pasotismo”, en los chicos; la sumisión, la dictadura de la belleza, en las chicas. Especial mención merece el enorme poder que estos medios ejercen en el colectivo infantil y juvenil. Hace unos días, un artículo escrito por Sánchez Ferlosio, decía de la televisión lo siguiente: “es el mejor canguro, sale barato e hipnotiza a los niños dejándolos paralizados durante horas”. (Ver Artículo de Sánchez Ferlosio: “Televisión para niños” El País. (9-2-10)).
Otro ejemplo que evidencia lo que acabamos de decir y que se manifiesta año tras año es, sin lugar a dudas, el bombardeo mediático de los juguetes durante las Fiestas de Navidad, dirigido a los más pequeños y pequeñas de la casa, especialmente vulnerables y carentes de estrategias adecuadas, dada su inmadurez. (Ver: Decálogo para elegir juegos y juguetes No sexistas, No violentos del IAM, muy recomendable para contrarrestar los efectos negativos de la publicidad)
Los cuentos infantiles tradicionales con los que nos hemos identificado de pequeños: Los chicos queremos ser Príncipes Valientes, y las chicas bellas princesitas, aunque sean mudas, como La Sirenita.
¿Cómo son las princesas de los cuentos?: sumisas, hacendosas, bellísimas, dependientes, con el único objetivo de casarse con su príncipe azul que las salvará de todo mal.
¿Cómo son los príncipes?: valientes, arriesgados, independientes, salvadores, con iniciativa (Ver: “Desmontando a Disney” de Ismael Ramos, Premios Rosa Regás)
Los videojuegos, especialmente dañinos en los chicos, por el fomento de la violencia y el machismo que conlleva. Las chicas por el contrario quedan aún fuera de este mercado. “Aunque ya las empresas de videojuegos están resolviendo este problema con nuevos productos especialmente diseñados para ellas”) (Ver “Análisis del Sexismo en los Videojuegos”, del IAM)
Las canciones infantiles: “Lunes antes de almorzar una chica fue a jugar pero no pudo jugar por que tenía que...” o para adolescentes, en las cuales los roles están muy marcados incitando, a veces, a la violencia hacia las mujeres: letras como “pégale y dale fuerte”, “la mato, la mato” están permanentemente visibles en el Reggaeton.
Los sitios web habitualmente utilizadas por los y las adolescentes como Messenger, Facebook, Tuenti, son nuevas formas de socialización y relación, todavía poco estudiadas, que mantienen los roles tradicionales de sumisión y poder entre los hombres y mujeres.
El cine y las series de televisión: marcan también las diferencias entre los hombres y las mujeres, proporcionando desde la más tierna infancia modelos estereotipados de niño/niña que explicarían más adelante la identificación de los hombres con las películas de acción y de las mujeres con las de tipo romántico. (Ver documentos “Las Mujeres son de Cine”; “La identidad de género en la imagen televisiva” del IAM”)
Volviendo al análisis de la conflictividad en el aula, la educación sexista sería una de las causas principales que explica la identificación de los chicos con un rol predeterminado, marcado por el uso de la violencia como medio habitual para resolver los conflictos, menor interés hacia los estudios, abandono precoz de los mismos e inserción temprana en un mundo laboral poco cualificado y remunerado.
Es decir, la forma diferente de educar a los chicos y a las chicas va a tener a corto y medio plazo, consecuencias negativas para ambos sexos, y académicamente hablando, va a ser causa directa de abandono prematuro y fracaso escolar, especialmente en los chicos. El análisis efectuado en nuestro centro arroja unos resultados estremecedores. Se constata dicho abandono prematuro en el 84% de los alumnos de 2º de la ESO, durante el primer trimestre, frente a un 41% de las alumnas, con la diferencia añadida de que ellas continúan asistiendo a clase, manteniéndose en el sistema más tiempo.
En algunos países considerados como modelos, por ejemplo Suecia, ya existe una discriminación positiva a favor de ellos, para poder acceder a la Universidad debido a la existencia de un número mayor de Licenciadas que de Licenciados en determinadas carreras.
Desde la Etapa de la Educación Infantil hasta la Educación Secundaria, con una buena planificación de actividades, adaptadas a cada nivel, podemos prevenir la conflictividad en el aula y el fracaso escolar, y al mismo tiempo, estamos llevando a cabo una labor fundamental y necesaria a favor de la erradicación de la violencia de género. Con una receta muy simple: combatiendo el sexismo y haciéndolo visible a toda la Comunidad Escolar, especialmente al alumnado. (Ver “Violencia de género y cotidianidad escolar” del IAM )
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